12 enero, 2011

Réquiem por Aguascalientes.

Catedral de Aguascalientes
Foto: travelaguascalientes.travel
 En la historia de toda sociedad existen momentos coyunturales en los cuales las decisiones correctas acarrean el suficiente impulso para separar a unas de otras en términos de desarrollo. Hace treinta años el Estado de Aguascalientes comenzó un proceso de industrialización y apertura económica, el cual ha permitido a lo largo de este tiempo una relativa bonanza con respecto a la media nacional. Lamentablemente, la guía gubernamental lentamente tornó a la comodidad de asentarse sobre los aciertos del pasado y explotar fuentes de capital social y económico en una miope visión de corto plazo. Las inversiones multimillonarias del sexenio anterior declararon abiertamente las dos líneas de acción del Gobierno del Estado: exprimir todo lo posible a la Feria de San Marcos y favorecer continuamente al uso del automóvil particular.

Con la primera se culminó un proceso edificado a lo largo varios años, antes incluso de la llegada de Reynoso Femat, entiéndase el convertir la Feria en la cantina más grande de Latinoamérica. Uno puede argüir que los nuevos clubes nocturnos y la extensión de más días de feria es una ruta infalible para incrementar la percepción de capitales. Por supuesto, eso es cierto. Entre otros beneficios podemos observar el cambio paulatino en el cariz de los visitantes de la feria, aunado a un agudo incremento en accidentes y delitos causados por abuso del alcohol y otros estupefacientes. Ergo, es razonable pronosticar una continuidad en estas tendencias, que han de dirigir a la pérdida de un valor cultural, si bien poco redituable en el corto plazo, en favor del valor monetario, con una saludable dosis de vacuos vicios y degenere.

La segunda, a los ojos de los más, es algo que se esperaba desde hace tiempo. Y es importante decir que las nuevas obras viales en los anillos periféricos lucen mucho, están limpias y recién pintadas. Uno esperaría que los pasos a desnivel contasen con retornos que facilitasen la vialidad, pero tal no es el caso en buena parte de ellos (al parecer fue mejor equiparlos con lugares de estacionamiento). Más aún, todas estas obras y gastos del erario tienen un beneficiario claro: el que más tiene, el que tiene el privilegio de costearse (o que le provean de) un automóvil particular. Me resulta fascinante observar la ceguera de nuestros funcionarios públicos, aunque es menester admitir que esta es avalada por una equiparable condición social de la población. Y es que cuando el mundo industrializado opta por cambiar el rumbo hacia la movilidad alternativa e incluyente, nosotros nos encontramos en otro paradigma de urbanización: el de EEUU hace cuarenta años, cuando el vecino del Norte apostó al uso del automóvil con mayores recursos gubernamentales y poder adquisitivo de su clase media. Hoy en día es claro el interés de los gobiernos locales estadounidenses, europeos y nipones por redirigir su movilidad hacia el uso del transporte público. En las principales ciudades europeas (buena parte de ellas con población equiparable a la de la ciudad de Aguascalientes) empresarios, estudiantes y trabajadores por igual hacen uso del transporte público para su vida diaria. En Dublín, Irlanda, menos de una tercera parte de la población se traslada cotidianamente en un vehículo particular. Por supuesto, los medios de transporte para dichas urbes son sobradamente más modernos, cómodos y seguros, los conductores son más responsables y las rutas nutren inteligentemente las necesidades de su población. Es ridículo pensar que en nuestro Estado tal cambio es remotamente posible. No es como si pudiésemos renovar los autobuses urbanos, o convertir al segundo anillo en una verdadera vía de tres carriles con paradas de autobús seguras, o requerir una capacitación y código de conducta apropiada de parte del sindicato de conductores de autobuses urbanos, o replanificar las rutas para optimizar la eficacia del transporte urbano, o establecer ciclovías seguras y respetadas por los conductores motorizados. ¿Verdad?

En el sexenio anterior el Gobierno del Estado gastó 6 mil 500 millones de pesos en obras viales, las cuales incentivan el uso de automóvil particular. Para ofrecer un parámetro comparativo, con este dinero se podrían haber comprado 13,500 autobuses tipo Anayuan Bus PK6109HH3 para 40 pasajeros, con certificación de calidad para uso europeo. No se necesitan tantas unidades, es claro, pero una pequeña inversión hacia ese rubro (en lugar de pintar unidades antiquísimas) hubiese reducido costos en consumo de combustible, refacciones, accidentes y promovería entre los distintos grupos sociales un estilo de vida más responsable para el medio ambiente y el crecimiento urbano. Más allá de una descongestión integral del tráfico metropolitano, estas medidas además se enfocan en proveer de mayor dignidad a aquellos que utilizan el transporte público.

Sergio Fajardo, ex-alcalde de Bogotá
Foto: Carlos Tobón
El Gobierno del Estado podrá atribuir su actuar y el presente clima de dificultad económica y malestar social a las invasiones externas de la crisis económica y el narcotráfico. Argumentos razonables, pero ulteriormente mediocres. Un Estado fuerte no nace de una serie de tiempos afortunados. La templanza, inteligencia, y estatismo en cara de la adversidad es lo que distingue a una sociedad en desarrollo de una retrógrada. Y no es exclusivo las potencias mundiales, un ejemplo alentador se observa en Sergio Fajardo, ex-alcalde de Medellín (2004-2008) que redujo los índices de violencia de dicha ciudad en 92.65% apostando al desarrollo urbano alternativo.

Hace treinta años Aguascalientes dio un gran paso hacia la modernidad con su proyección industrial. Ahora nos encontramos con otra coyuntura: una proyección de las relaciones urbanas y sociales. Gozamos de la ventaja de conocer cómo se desenvuelven las otras historias, tenemos el privilegio de saltar al final de ellas y aprender del mundo industrializado antes de cometer los mismos errores a costa del erario. Está en manos del entrante gobierno la decisión de continuar exprimiendo los vestigios de un evento que solía ser para el intercambio cultural y mercantil, malgastar fondos públicos en obras de beneficios socialmente asimétricos, o virar hacia una modernización alternativa, responsable, dotada de perspectiva y, sobre todo, digna de respeto internacional y distinción nacional. ¿Cuál tomará? Uno ya ni se lo pregunta, la decepción y falta de legitimidad que recubre la relación gobierno-sociedad en nuestro país está alcanzando niveles de Estado Fallido, y con justa razón. Pero esta es una atenta invitación a que los políticos dejen de ser políticos y comiencen a ser estatistas, a que demuestren que el tomar decisiones correctas y de vanguardia no es una tarea imposible para los gobernantes de México.

Hasta la próxima,

El Caminante

2 comments:

Anónimo dijo...

Óscar, soy de la opinión de que la introducción de una nueva idea como la del transporte público puede tener éxito sólo cuando la gente de a pie vea necesario, práctico y beneficioso su uso. Cosas que podría hacer el estado? Aumentar los impuestos sobre la gasolina, de manera que resultase más cara a los bolsillos y que realmente planteara el uso de un medio alternativo (en Alemania un litro de gasolina súper cuesta casi € 1,50 -creo que al cambio serían así como 24 pesos-), establecer zonas azules de aparcamiento, para que el que se desplace a zonas de congestión de tráfico, como el centro de las ciudades tenga que pagar por estacionar (aquí dependiendo de la zona puede llegar a € 1 por cada 15 minutos), carriles-bici para que sea seguro y cómo ir por ellos (en una hora puedes cubrir una distancia de entre 15 y 20 kms.). Además es capital contar con un sistema de transporte público eficiente, puntual, con carriles destinados sólo a autobuses o tranvías. Y finalmente es necesario el uso de campañas de concienciación por el medio ambiente.
Todas estas son medidas fuertes que requieren un cambio de mentalidad (que a veces es lo más difícil de cambiar). México necesita una revolución en este sentido y poco a poco, como dice el título de tu blog, con gente como tú se va a ir andando el camino.
Un abrazo y muchos recuerdos desde Berlín.
Antonio

Oscar de la Parra dijo...

Gracias Antonio, precisamente estaba pensando en el tipo de medidas que aplican Londres y París, que aplican un impuesto especial por conducir tu automóvil a través del centro. Y si bien estoy de acuerdo con medidas afministrativas que graven el uso del automóvil, me parece que serían un tanto extremas para el contexto mexicano. Siempre que hay un aumento a los precios de la gasolina se arranca una tendencia general inflacionaria. Por otro lado estaría a favor del establecimiento de un tabulador que castigue mediante mayor % de impuesto a vehículos cuyo consumo o emisiones resulten muy elevados (como SUVs, Hummers, etc).

Y se requiere una fuerte campaña de promoción para el uso de la bicicleta como medio de transporte urbano moderno. Próximamente estaré escribiendo sobre ejemplos de ciudades latinoamericanas que han logrado emprender ese proceso de revolución social que mencionas.

Gracias por tu comentario, espero las próximas publicaciones también despierten tu interés.

Saludos desde Aguascalientes,

El Caminante