22 septiembre, 2008

Sobre la Migración y otros Demonios.

Como estudiante de Relaciones Internacionales, el tema migratorio ha sido un tópico recurrente en el currículo universitario. Lamentablemente, el típico enfoque sobre los fenómenos migratorios se encuentra cargado de demasiada basura adicional. Se ha exacerbado fuera de toda proporción el significado elemental del fenómeno, orbitando alrededor de nacionalismos, seguridad, protección laboral... todo ello es parte de un discurso que suena valiente y patriótico, pero que no ayuda a progresar sobre la materia, ni madurar en nuestra postura hacia el mismo fenómeno.

Es mi firme convicción que la migración debe ser considerada un Derecho Humano, parte integral de los elementos que reconocen y pretenden proteger la dignidad humana. Es parte inherente de nuestro INDISCUTIBLE derecho a buscar una vida digna. Muchos académicos y políticos, como Huntington y Kissinger, han creado la percepción de que es un peligro, una invasión, la llegada de extranjeros a nuestros países.

Esto es lo que me perturba más: yo vivo en Guadalajara, Jalisco; llegué a estudiar mi carrera, pero nací y crecí en Aguascalientes. Mis padres a su vez migraron desde la Ciudad de México a mi ciudad natal para que sus hijos no crecieran en el DF. ¿Por qué no se introducen estas migraciones en el gran debate? ¿Qué es tan diferente entre mudarse de Aguascalientes a Guadalajara y hacerlo de Marruecos a España? ¿Por qué es tan normal y aceptable la migración desde los suburbios a las urbes, cuando se estigmatiza el movimiento igualmente natural del sur al norte?

En mi post anterior hice a mención de Thomas Friedman y su libro "El Mundo es Plano", en función de la construcción de una "ciudadanía global". Ahora bien, Friedman no es un partidario de este concepto, pero sus argumentos sobre la Globalización 3.0 son igualmente aplicables en cuestiones cívicas y sociales. El punto es que si realmente estamos convencidos de los principios de igualdad y derecho a la vida, es imposible negar la posibilidad de una "universalidad" que sustituya eventualmente la "nacionalidad". Y antes de lanzarnos en defensa de las identidades y herencias culturales, hay que remarcar que no se trata de homogeneizar culturalmente a la humanidad, sino hacer de lado ciertos constructos sociales como el concepto de fronteras. La razón de ello radica en que tenemos que dejar de pensar en la migración como si fuera un crimen, aceptar que el sistema actual nos dice que hay algunos cuyas dignidades siguen siendo más importantes que las de otros. Llegamos al punto en que la tecnología y las telecomunicaciones hacen obsoleto el concepto del Estado-nación, MAS NO EL DE CULTURA. En nuestros respectivos países encontramos una gran gama de etnias, culturas y tribus urbanas que llegan al grado de poner en tela de juicio la legitimidad del término "Nación": Abjasia en Georgia, Catalunya en España, los indígenas de México. Así que la identidad cultural no sólo no peligra en el esquema de la Ciudadanía Global, sino que tiene mayor posibilidad de entrar en un campo equitativo, mientras que en sus contextos actuales, muchas minorías se ven desdeñadas ante el modelo cultural dominante.

¿Qué se puede hacer? No discriminemos a los migrantes. Erradiquemos de nuestro vocabulario apelativos como "sudaca", "wetback", "indocumentado". Hay que darnos cuenta de lo mal que está esta confrontación nacida de líneas imaginarias y arcaicas, y que han resultado de mucho provecho para empresas buscando mano de obra barata y sin derechos. Hay que DE-CONSTRUIR nuestras concepciones y darnos cuenta de lo real, lo humano.

Hasta el próximo post. Bienvenidos los comentarios a favor, en contra y cuestionando.